Asesino, traidor y LADRÓN: ni un ápice de olvido, ni cien años de perdón

 

Han pasado 45 años y no hay justificación posible. Pasarán otros 45 años más y es nuestro deber siempre reafirmar el compromiso con los DDHH al declarar que nunca habrá un contexto que justifique un Golpe de Estado como el que manchó de sangre la historia de nuestro país el 11 de septiembre de 1973, y que dio inicio a una larga noche dictatorial, que duró 17 años. Y sin embargo, incluso cuando pareciera incuestionable el hecho de que resulta absurdo, violento e irracional el defender la dictadura, su legado y especialmente, al dictador Pinochet, esta columna va precisamente dedicada a los defensores del asesino.

 

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Porque encontraremos siempre algún esbirro de la dictadura, un admirador de las botas, algún fetichista del control fascista. En reuniones familiares, en debates políticos, en espacios públicos, en un carrete donde alguien se queje de las conmemoraciones del 11, pidiendo que se dé vuelta la página. Siempre habrá alguien dispuesto a justificar lo injustificable: los asesinatos, las torturas, las ratas en la vagina, la corriente en los testículos. Dirán que para hacer una tortilla es necesario romper huevos. La sangre de los desaparecidos les parecerán el lubricante necesario para instalar sus tiempos mejores. “¿Asesino, dices? Pinochet hizo lo que tenía que hacer”. También podrán decir que actuó movido por las necesidades de la historia, que su juramento militar por proteger a sus compatriotas era más flexible de lo que pensábamos. Podrán negar que confiaban en él, que Prats lo había recomendado (a quien luego mandaría a matar con un artefacto explosivo en el auto donde iba con su esposa). “¿Traidor, dices? Pinochet hizo lo que tenía que hacer”.

 

Pero este año, justo a semanas de la conmemoración de otro 11 de septiembre, recordamos a Pinochet no sólo como asesino y traidor, sino que por fin se confirma el tercer mote que siempre les ha incomodado más a los fanáticos acérrimos del dictador: LADRÓN. ¿Incomodados por qué? Pues porque no cabe dentro de lo que un líder de moral incólume debería hacer. Los mismos que hacen gárgaras con la figura autoritaria de Pinochet, diciendo que si él estuviera vivo para poner orden no habrían tantos políticos corruptos, tanto robo a manos llenas en el gobierno, se atragantan cuando llegan a escuchar el rumor de los dineros no justificados de Pinochet: 17.8 millones de dólares.

 

Aquí estamos hablando de dineros obtenidos de forma ilícita, o sea por intermedio de la comisión de delitos. Sin embargo, en el contexto de una dictadura donde se ejerce el poder absoluto ¿No es acaso toooda la justificación legal del patrimonio de la familia Pinochet, una suma de ejercicios de fraude y abuso, de malos chistes tributarios contados con el apoyo de una ametralladora? Una pregunta para los negacionistas leguleyos. Lo que salió a la luz en la finalización del Caso Riggs es apenas la punta del iceberg de lo que fue el saqueo al Estado por parte de Pinochet: 1.621.554,46 millones de dólares confiscados del monto total defraudado, que fue lo único que se logró recuperar de los plazos de prescripción, luego de una investigación y juicio que duró 14 años, que determinó la efectividad de haberse malversado fondos públicos por Pinochet, condenando además a tres ex militares que le ayudaron a depositar cuentas bancarias secretas en el Banco Riggs recurriendo al picante recurso de usar seudónimos como Daniel López o José Ramón Ugarte.

 

Estas son cosas que en realidad se saben desde hace décadas. La apropiación injustificada que Pinochet y sus secuaces hicieron de fondos públicos es una cuestión que se negó hasta el final, pero habiéndose confirmado por parte de la Corte Suprema estos hechos, cabe preguntarse cómo podrían justificar esto su fanaticada: ¿Necesidad histórica? ¿Merecido premio? ¿La ley del más fuerte? Con todos los miles de millones  de dólares obtenidos por los delitos de Pinochet se podrían construir decenas de hospitales, escuelas públicas de alto nivel, construir puentes y carreteras estatales, mejorar la dotación y calidad de servicios públicos estratégicos, etc. ¿Cómo justifica el pinochetista promedio, carente de medios de producción masivos, dueño de ninguna empresa trasnacional, sin ningún apellido rimbombante, toda la plata fiscal perdida en todos estos años, plata que pudo ser invertida en mejorar sus propias condiciones de vida a través de políticas públicas? Luego de haber ladrado tanto en su afán de diferenciarse de “los políticos”, se comprobó por fin que Pinochet es uno de los corruptos más descarados de la historia nacional; ¿Cómo podría un pinochetista recalcitrante negar que su legado de saqueo sentó las bases ideológicas para el “llegar y llevar” que inspiró a tanto militar y defensor de Pinochet, que hasta el día de hoy desfilan en la senda trazada por él, en escándalos de desfalcos millonarios de fondos públicos?

 

Asesino, traidor y ladrón, mil veces ladrón. En el Chile neoliberal donde “a mí nadie me ha regalado nada”, que se metan en tu bolsillo es algo que hasta el tipo con la cara de Pinocho tatuada en el culo debe incomodarle un poco. Luego de diecisiete años de abuso de poder, la guinda de la torta: una danza de miles de millones de dólares, una cantidad tan grosera de plata que el 99% de la población chilena no verá nunca ni en diecisiete vidas. He aquí el honor de su líder, la gloria del vencedor: el robo sistemático a la plata de sus propios compatriotas, quienes enajenados por el hedor de las tumbas clandestinas que nunca se cerraron, no reparan en el lujo excesivo de las pompas que rodean al cádaver sonriente del tirano, la exagerada opulencia en la que viven sus vástagos, quienes a su vez, miran del hombro para abajo a los tontos útiles endeudados hasta las cachas que gritan “Viva Chile y Pinochet”.

 

Stella Caffarena

Un Comentario

Guisela Parra Molina

¡Bien, compa! Y desde el punto de vista textual, me encanta la figura de la sangre lubricante, entre otras.

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