Ascenso por la Dignidad en Cerro Grande de Peralillo

Camila Segura y Jorge Ramos nos comparten este emotivo relato sobre el “Trekking Combativo”, que se realizó en el Cerro Grande de Peralillo en el Valle de Elqui

Hace más de 1 mes las incomodidades, el miedo y la decepción, perpetuadas hacia las personas por más de 40 años y el desconocimiento del pueblo de la totalidad de intenciones de un grupo de personas que conservan el poder capital de nuestro país, más los deslices argumentativos de las/os políticos de diversos partidos y hasta del Presidente, ha producido, gracias nuevamente a las/os estudiantes, el renacimiento de una voz colectiva que nos representa, nos agrupa y nos invita a reconocer humildemente que somos muy parecidos, con experiencias de vida similares. Dichas experiencias han sido forjadas por un sistema político, social y económico neoliberal caracterizado por la vulneración de derechos, la desigualdad sociocultural, económica y política, los robos, la corrupción y la manipulación de la constitución y la ley en post de la privatización de recursos naturales, alimenticios, vivienda y salud, etc., que nos violenta. Estos derechos deberían ser asegurados per sé a todas/os las/os chilenas/os por el Estado, pero, sin embargo, por la avaricia, fomento a los privados y conflictos de interés, nos han sido arrebatados. 

Los medios de comunicación masivos no quedan fuera de toda esta maquinaria perversa, ya que a diario criminalizan cada una de las manifestaciones que se producen a nivel nacional, resaltando la violencia como acto central de ellas, invisibilizando el sinnúmero de manifestaciones pacíficas que convocan a miles que pretenden transformar las problemáticas sociales en conversaciones, acuerdos, propuestas, encuentros, generados espontáneamente para reconocernos como ciudadanas/os interesadas/os, responsables y activas/os con respecto a toda la contingencia nacional.    

Es por ello que en el Valle de Elqui, varios de las/os ciudadanas/os que exigimos un Chile justo, desarrollamos una iniciativa llamada “Trekking Combativo”, en donde invitamos a la población a subir el Cerro Grande de Peralillo, o cerro Brillador llamado así por nuestra gran poetisa Gabriela Mistral, con la gran convicción de que muchos queremos visibilizar nuestras demandas bajo la consigna “Dignidad”, dignidad para el pueblo, dignidad para nuestros abuelos y abuelas, dignidad para los niños y niñas, dignidad para mujeres y hombres que queremos encontrar en la mancomunión, las sinergias que nos hacen estar conscientes y nos dan la fuerza para movilizarnos. Humberto Maturana nos invita a validar al otro como un legítimo otro, con ojos que ven, manos que sienten, con sueños y con esperanzas; esa es la sensación única e irrepetible que quisiéramos que vivieran todas las personas al subir un cerro, al juntarse en una plaza, al hacer cánticos representativos, expresiones artísticas como la danza, la pintura, la música, entre muchas, basadas en la autogestión, en la humildad, la confianza, el entusiasmo, la escucha activa y empática, como no es normal visualizar en la vida de la gente con más privilegios.

El 17 de noviembre se creaba al igual que en instancias anteriores como la caminata y cicletada “Del Valle al Mar” otra actividad pacífica para movilizar a la gente del Valle y sus alrededores, con convocatoria abierta en la plaza de la Dignidad Gabriela Mistral en Vicuña; es así como el día sábado 23 de noviembre un grupo de aproximadamente 30 personas nos congregamos en la pileta de Gabriela, para dirigirnos hacia el pueblo de Lourdes, en la falda del Cerro Grande de Peralillo para iniciar nuestra aventura. Varios más se unieron en aquel lugar comenzando nuestro ascenso a las 20:00 hrs. dirigiéndonos a la primera etapa hasta el “puntón del gallo”. Algunos con desconocimiento del esfuerzo que produce a nuestro cuerpo la subida, demoraban más su andar, reflexionaban sobre su capacidad y los cambios fisiológicos que producía tal esfuerzo y con gallardía reconocían su dificultad de seguir, sin antes manifestar su apoyo incondicional; otros eran aplaudidos y ayudados por las/os que habían logrado esta etapa a través de gritos y aplausos de aliento y conversaciones que los estimularon a seguir dando los siguientes pasos.  1, 2, 3 comenzábamos a enumerarnos; 20, 25, 26, continuaban los timbres de voz adornando y armonizando los primeros esfuerzos desplegados; 32, 33, 34, la procesión de números nos conectaba; 50, 51, 52, se notaba el cansancio de algunas/os que habían esforzadamente llegado a aquel lugar; 62, 63…69, decía por ahí el último entusiasta, causando las risas del entorno, ¡ah perdón, era el 64!; por otro lado mencionaba el más veterano del grupo ¡64 jóvenes más yo!, lo que desató una de las primeras constataciones de bríos a través de aplausos, gritos y silbidos. 

Inti nos dejaba los últimos rastros de energía, dando paso al cielo cubierto de estrellas que con su fulgor nos cobijarían esa noche; de a poco comenzaban a volar las luciérnagas artificiales que sutilmente se posaban en la frente de los caminantes. Todo listo, todo preparado. Una voz ponía los pies en la tierra para que el grupo asimilara con respeto lo que significaba subir por primera vez a tantas personas en conjunto al Cerro Grande de Peralillo durante la noche. Estábamos a un cuarto de la altura total hacia la cima, venía un camino zigzagueante, con una inclinación de unos 45°, con un suelo con gran cantidad de arena suelta; la idea era que la actividad fuera un reflejo de que todos “estamos unidos”, por lo tanto iríamos caminando en hilera, una/o tras otra/o, con un ritmo lento y constante, continuo durante unos 15 minutos para dar paso a descansos de 10 para beber agua, alimentarse para energizar el cuerpo y observar las bellas luces que lentamente iban alejándose tras las 130 pisadas.

Uno, dos, tres, cuatro pausas, iban sucediéndose cuando algunas/os gritaban ¡descanso!, había que hacerlo intentando que se resguardara el bienestar de todas/os, sabiendo que la cima nos esperaba y que cada detención era una posibilidad de arengar y vitalizar la continuación del paso a paso: ¡vamos cabros/as, vamos que se puede, viva Chile mierda, aquí hay aguante cabras/os, queda poquito, estamos al lado, esto es puro aguante!; no solo la arenga venía de lo más profundo de las/os caminantes, sino que, nos acompañaban atentos desde Vicuña, Lourdes, El Tambo, Andacollito, Mamalluca, con láseres que respondían ante las señales que generábamos al parpadear nuestras linternas, permitiendo una comunicación lúdica e improvisada que también aclaraba, enfocaba la mente y nos subía el ánimo… a pesar de la lejanía en espacio, no estábamos solas/os, continuábamos con unanimidad en el camino.

Estaba cambiando lentamente la fuerza del viento, se sentía una brisa más intensa, nos acercábamos a un momento que causó una emoción reflejada en el brillo de los ojos de todas/os  las/os asistentes a la travesía; las/os primeras/os gritaban ¡la antena!, las/os demás atrás apuraban su paso, quedaban aproximadamente 400 metros de un camino medianamente plano que nos permitiría por algunos minutos recuperar el aliento; la mente fresca nuevamente por el entusiasmo que produjo el llegar a la antena (0:26 am); gritos eclosionaban desde lo más profundo de los pulmones, estábamos en un punto crucial para lograr llegar a nuestro fin; una cima que se nos acercaba, pero que nos ponía a prueba con los últimos pesados y erguidos metros, con arena suelta, caminos difuminados y todo el cansancio que significaba haber caminado más de cuatro horas y media.

En el último descanso antes de la cumbre, nos dimos un buen tiempo, esperábamos y aplaudíamos a las/os que iban llegando; ¡es increíble cómo la adrenalina energiza el cuerpo cuando estás a punto de lograr un fin!, más aún con la convicción que genera el ambiente efervescente de nuestro país…¡aguante a los pueblos originarios!, seguían las consignas… ya no queríamos esperar más, ya no había guía que diera instrucciones, el afán fue más, el camino se tornaba más y más duro, aproximadamente 500 metros de subida intensa, con la mayor inclinación vista; el cerro, nuestra mente y nuestro físico nos ponía por última vez a prueba; continuamos firmes a nuestras convicciones, hasta que no hubo más pasos que direccionaran nuestra humanidad hacia el universo, “habíamos llegado a la cumbre del Cerro Grande de Peralillo”(1:30 am).

Nos abrazábamos, nos felicitábamos, pisábamos nuestro objetivo y encontrábamos en la cumbre lo que por muchos años nos coartaron, la alegría de mirarnos a los ojos, de sentirnos como hermanas/os, de sonreírnos puramente, de sentirnos en comunidad; no existían diferencias, queríamos que todas/os gozaran de la energía de la tierra, de la naturaleza viva, del viento frío que empezaba a congelar nuestro sudor; los aplausos y chiflidos sinceros no se hacían esperar cuando otra/o más llegaba; estábamos atesorando en nuestra mente aún más sensaciones y recuerdos de felicidad. ¡Bien gente, bien gente!, ¡Qué maravilla, qué lindo!, ¡C-H-I…CHI…, L-E…LE…, CHI-CHI-CHI…LE-LE-LE…, VIVA CHILE!

Había llegado el último de los aventureros, que pacientemente acompañaba a las/os más retrasadas/os para asegurar su bienestar en la escalada,  para iniciar la manifestación a 2.332 msnm. (3 am). Se encendía la primera antorcha con ese rojo intenso que nos recuerda la sangre derramada por la violencia de Estado; agachados entre las rocas se preparaban y huían para continuar el festejo con un estrepitoso sonido, con fuegos de colores, que estallaban en el tapiz oscuro que nos entregaba el universo. Luego de eso se dio paso al descanso merecido que cada cual buscaba amparado en la libertad que te da estar a esa altura, alejado del sin fin de situaciones personales que aquejan a un ser humano que ha sido postergado. 

El mar de nubes aterciopeladas, desde el cual nacían las imponentes montañas del Valle, nos recibía al otro día dejándonos ensimismados con la belleza de la naturaleza. Al alba se apreciaban el Cerro Mamalluca, el Cerro Tololo, el Cerro Pachón, el Cerro Paranao, el Cerro Gabriela Mistral, el Cerro Porongo y el Cerro Negro, similares a Dioses de la libertad que cuidaban nuestro andar en las alturas. La percepción visual de los 74 que finalmente estuvimos ante este amanecer, después de andar solo con la claridad de las luciérnagas durante la noche, fue de magia, de ensimismamiento, de grandiosidad, de inverosimilitud, de abstracción y hasta de euforia e incredulidad… Hacia el cielo, uno de los integrantes de esta gran hazaña, estiraba su mano, encima de una roca en el punto más álgido de la cima, buscando que los primeros rayos del sol comenzaran a abrigar su gélido cuerpo, cual animal ectotermo espera afanoso el cobijo del sol en su existencia.     

Pasaban los minutos y los cuerpos cansados continuaban uno tras otro apareciendo alrededor del lienzo blanco que habíamos llevado hacia la cumbre. “DIGNIDAD”, fue la palabra que ha representado desde un principio nuestras demandas en busca de cambios sociales que establezcan una mayor equidad en el pueblo en un plazo mediato; toda la gente se acercaba hacia el lienzo para dejar un recuerdo, exógeno a la mente, de ese momento; las cámaras preparadas capturaban la pasión, la decisión, la convicción de algunas/os que representamos a millones de chilenas/as con sus rostros. El paisaje y las personas en una imagen imperecedera; somos desde ese momento más felices, más alegres, más humanos, más amigas/os, más compañeras/os, más hermanas/os y más chilenas/os.  Hemos estado un par de veces acá, pero ¡nunca había sentido una emoción tan grande como ésta y por el motivo que es también, así que, les agradezco por darme esta alegría tan grande!; gracias por eso chiquillas/os…nos decía el más longevo del grupo, “el profe Washington”, el que está cien por ciento convencido que la forma de producir cambios sociales en post de la equidad de los pueblos, debe estar basada en una Educación emancipadora del ser; que la privación cultural debe ser abolida de la gente, para que pueda ser parte activa de las decisiones que encaminen a un país hacia la igualdad (aplausos y gritos se manifestaron).

9:20 am., debíamos comenzar el descenso; uno de los integrantes comenzó a indicar que la ruta de vuelta sería hacia la antena y luego hacia “la rastra”, describiendo que son caminos con arena suelta y algunas piedras, de aproximadamente un metro y medio de ancho, que permitirían un fácil y liviano descenso si utilizábamos bien nuestro centro de gravedad, con el apoyo de nuestro peso en los talones, tomando las precauciones necesarias para no caernos por la velocidad que podríamos adquirir, lo que tendría como consecuencias, rodadas y golpes con rocas, arbustos y cactus (sandillones y gatos) y finalmente un riesgo en el bienestar personal y del grupo. Sería un descenso de aproximadamente una hora y media, que debíamos terminar antes de una quebrada, por ende, habría que estar atentas/os a un espino, para virar a la izquierda y tomar el camino al socavón, nuestra meta de la excursión…  

Las/os entusiastas elevaban el polvo del cerro confundiéndose entre la niebla que los abrazaba, como niños y niñas jugábamos a bajar deslizándonos entre la arena de las rastras, la luz del sol se refractaba creando un arcoíris circular entre las gotas de la nube gigantesca; no existía ciudad, ni impacto humano al observar al horizonte, solo naturaleza; los recuerdos de la familia y la gente querida cobijaban las mentes del grupo; la emoción y el cariño explotaban desde el corazón orgulloso. Bajaban y bajaban hilarantes las/os aventurera/os, las piernas debían resistir el cansancio de muchas horas y los traseros el golpeteo del cerro cuando te desbalanceabas; los zapatos en su interior llenos de arena causando presión en los pies; increíblemente el cerro que nos había puesto dificultades la noche anterior, nos hacía caer esponjosamente hacia las bajas alturas de la ladera oeste. 

Nos quedaba una pequeña misión, no queríamos llevarnos nuestro mensaje; fuimos con Matías,  Javier y Sergio, a colocar nuestro lienzo entre las rocas, para dejarlo a mitad de cerro por un tiempo antes de ir a recogerlo para utilizarlo en otras manifestaciones. Esperando que el viento no lo destruya, imaginábamos que muchas personas sacarían su binocular y observarían la palabra “DIGNIDAD”, nuevamente, como método de insistencia para que sea una costumbre, una forma de vida, una forma de ser y actuar.

Así como espontáneamente esta idea loca, conglomeraba y comprometía a 74 personas hace una semana atrás, las huellas en el cerro se irán disipando como lo hicieron las/os aventureros al llegar a la meta, pero será imposible que se borren de nuestras mentes, de nuestros corazones; esto es experiencia, es fortaleza, es convicción, es ideal… la experiencia, la emoción sentida, los momentos vividos con las/os otras/os nadie podrá quitártelos. Enhorabuena llegábamos sano/as y salvos al socavón en el pueblo de Lourdes (11:20 am), con una sensación de felicidad que no sabemos si podemos reflejarla y transmitirla en estos párrafos. Sin duda alguna ésta subida al cerro no es más que una metáfora que podría reflejar lo cuesta arriba que se vuelve la vida de la mayoría de las personas que vivimos en Chile, quienes esforzadamente sacrificamos nuestro cuerpo, tiempo, esfuerzo, nuestras relaciones humanas, a la familia, nuestras emociones, etc., por la supervivencia; quisiéramos que todo el esfuerzo fuera gratificado por políticas sociales que contengan la esponjosidad y delicadeza que nos entregaba el cerro al bajar hacia aquella comodidad que buscamos incesantemente.    

Gracias a todas/os los/as que tienen la valentía de caminar, de disfrutar, de vivir fraternalmente… somos muchos/as los que queremos comunicarnos y estamos aprendiendo a hacerlo; buscamos que el gobierno escuche y observe lo que realmente necesitamos: la DIGNIDAD del pueblo de Chile.

Camila Segura y Jorge Ramos.

¡La Serena, Coquimbo y el Valle de Elqui unidos por la lucha!

27 de noviembre de 2019

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