Construyendo Memoria Lesbofeminista . A propósito de la visita de Norma Mogrovejo Aquise.

La venida de la activista y académica lesbofeminista Norma Mogrovejo Aquise a Chile ha gestado diversas actividades. Entre éstas se destacan una entrevista sobre la historia de este movimiento en la Universidad Central de Chile y la presentación de dos de sus libros en Casa Mundanas. Esta nota se une a estas acciones, realizando un introductorio recorrido por temas que serán profundizados en estas instancias

Por Iris Hernández Morales[1]


Las fotos utilizadas en esta nota fueron extraídas del video “Hacia el X Encuentro Lésbico Feminista de Abya Yala” de LaNeplantera. Éstas aparecen en las Memorias ELFAY, 2014

El feminismo radical identificó “lo privado” como eje de dominación patriarcal, adquiriendo un carácter de revolución sexual que favoreció, no sin tensiones, la enunciación del lesbofeminismo. De hecho, Kate Millet, quien escribe en 1970 “Política Sexual” un emblema del feminismo radical, prontamente, en una entrevista del ‘71, denuncia que el feminismo heterosexual duerme con el enemigo. Lo señalado, se reproduce en Abya Yala, pues finalizando los ‘70 el lesbofeminismo denuncia la existencia de una práctica heterofeminista -que en voz de Mogrovejo- excluía sus demandas, indicando que pertenecían a una dimensión “privada”. Es decir, aquello de que “lo personal es político” no valía de igual forma para las lesbianas. 

Esta relación asimétrica de poder, también se trasladó a la relación lesbofeminista con el movimiento homosexual que en sus orígenes cobijó a muchas activistas lesbianas que posteriormente se declararon como feministas. Su vinculación con este movimiento hasta el día de hoy es conflictiva, particularmente por las denuncias en torno a una noción de sexualidad que reproduce las mismas relaciones de poder que habitan en las relaciones heterosexuales. Ésta, fue la principal causa de la renuncia y fuga de las lesbianas de estos espacios.

Su complicidad inicial con el movimiento homosexual fortaleció un carácter lesbofeminista de izquierda que las hizo asumirse como un grupo marginal que gestaría su liberación junto con la sociedad (Mogrovejo, 2006). No obstante, la heterosexualidad feminista, gay y de izquierda, reprodujeron lugares de subordinación que las lesbianas no estuvieron dispuestas a aceptar. Lo indicado, denunció la falsa conciencia de estos proyectos, pues la exclusión de su voz es contradictoria con el deseo de transformación radical de la realidad.

Pues bien, las tensiones expuestas que se reprodujeron a lo largo y ancho de Abya Yala, exponen los dificultosos caminos de la liberación lesbofeminista. Asimismo datan su carácter político resistente y contracultural que se fue fraguando en los Encuentros Lésbicos Feministas de Latinoamérica y El Caribe –ELFLAC, ahora Encuentros Lésbicos Feministas de Abya Yala –ELFAY[2]

Dicho carácter responde a cuestiones externas, como las mencionadas, sin dejar de debatir álgidamente sobre las estrategias que se utilizarán y que ubican a las lesbianas en posiciones que no pocas veces están en lugares alejados del acuerdo. Con esto me refiero, por ejemplo, a planteamientos que ponen la sexualidad al centro de las estrategias políticas y aquellos que movilizan la imbricación de opresiones.

Esto último, devela que el lesbofeminismo es un terreno de producción de ideas que está muy vivo y que ha logrado tejer un cuerpo político/teórico propio “(…) Los escritos de Yan María Castro, Norma Mogrovejo, Yuderkys Espinosa, Margarita Pisano, Valeria Flores, Ochy Curiel, Toli Hernández, Marian Pessah, Chuy Tinoco, el colectivo Mujeres Creando, Las Unas y las Otras, entre otras, han ofrecido un sin número de análisis en torno al lesbianismo feminista latinoamericano y caribeño, en muchos casos haciendo el esfuerzo de considerar las particularidades geopolíticas de la región; aportando no sólo al feminismo como teoría y práctica política, sino también a los movimientos sexo-políticos como el LGTB” (Memoria ELFAY, 2014, pp.19).

Lo comentado es relevante por al menos dos razones. La primera, es que muchos de los análisis sobre el movimiento lesbofeminista se someten a miradas que no contemplan estas voces y menos, las diferencias entre éstas. La segunda, es que en el marco de lo público se ha posicionado una idea de un movimiento cuyas demandas se restringen a derechos de maternidad o matrimonio. Ambas razones no consideran la potencia y los cruces de este movimiento con los propios desarrollos del movimiento feminista latinoamericano. Allí,  se pueden destacar tres claves constituyentes de su genealogía política: institucionalidad/autonomía; heterosexualidad obligatoria y antirracismo y descolonialidad

La primera clave distingue que el lesbofeminismo en Abya Yala se transformó en un espacio que dio continuidad al pensamiento autónomo feminista latinoamericano. Éste, denunció el consentimiento institucional al modelo de progreso y desarrollo que vía género se impuso en el continente en la década de los ’90 y que nos hundió “[…] cada vez más en la dependencia y el colonialismo” (Falquet, 2014, citando a Mujeres Creando s/f) La lógica de las políticas de género, vale destacar, apoyaron que la mujer indígena fuese tratada como un impedimento al progreso por su apego a las tradiciones (Parpat, 1996), determinando su retraso e inferioridad y justificando con ello, el rol salvador feminista.

La segunda clave fue influida sustancialmente por el pensamiento de dos mujeres lesbianas feministas del norte: Adrienne Rich y Monique Wittig. Ambas, pusieron en jaque la noción de heterosexualidad que se aprecia como detonante de estos conflictos. Rich, expuso que la heterosexualidad es una institución obligatoria que se dirige a perpetuar que las mujeres tengan menos poder que los hombres. De allí, que defienda que “la existencia lesbiana” es un rechazo a dicha obligatoriedad y que debe ser recuperada a lo largo de la historia. Wittig, a grandes rasgos, la definió como un régimen político que se funda en la naturalización de la diferencia sexual, es decir, que sostiene que las diferencias entre los dos sexos son naturales. En este marco plantea que las lesbianas exceden las categorías de sexo y género, por lo que no son mujeres y, que estas categorías son creadas por la heterosexualidad, apuntando la necesidad de su desnaturalización.

La influencia de estos debates son valorados por el lesbofeminismo de Abya Yala. No obstante, la discusión en torno a su eficacia para abordar la realidad latinoamericana de las lesbianas confluye en la organización de la tercera clave mencionada. Ésta, se puede describir como el intento por ampliar los límites de la universalidad que instala la heterosexualidad como opresión central que explica las realidades de todas las lesbianas, subordinando las variables de opresión de raza y clase. Lo indicado es relevante, pues representa parte de los más álgidos debates puesto en juego en los últimos años y que apuntan a la naturalización de una conducta que no percibe la importancia del racismo en la organización de la sociedad o ¿acaso quienes detentan el poder son personas indígenas o afrodescendientes?

Lo descrito, informa tangencialmente sobre un carácter contracultural que anunció los peligros del pacto entre una parte del feminismo con la Cooperación Internacional, las Naciones Unidas, el Estado y su institucionalidad; que denunció la importancia de la heterosexualidad obligatoria como fuente de opresión de todas las mujeres; y que defiende la valoración del antirracismo como una práctica ético/política que no omite los procesos de racialización de nuestro continente en tiempos de conquista y que pone en jaque la propia defensa de una identidad que no puede ser entendida sino a la luz de atributos de privilegio ¿o es lo mismo una lesbiana blanca que una lesbiana negra? La pregunta ha sido contestada ampliamente, favoreciendo prácticas en un sector lesbofeminista, que se esfuerzan por construir condiciones de encuentro entre diferencias más que asumir, la seguridad de una diferencia en particular.

A esta somera distinción de claves genealógicas lesbofeministas, vale sumar, que en 1987 se realiza en México el primer ELFLAC. Luego vinieron los de Costa Rica (1990); Puerto Rico (1992); Argentina (1995); Brasil (1999); México (2004); Chile, (2007); Guatemala (2010); Bolivia, (2012); Colombia (2014). En Chile se declara el carácter antirracista y anticapitalista del lesbofeminismo. A partir del ELFLAC Guatemala se reafirma su carácter autónomo y autogestionado, cuestiones que se imbrican, entre otros, con la crítica a las políticas neocoloniales de la familia, la pareja y la relación que poseen con la pervivencia del racismo.

Estos y/u otros temas serán profundizados en voz de la activista lesbofeminista Norma Mogrovejo Aquise. Ella es socióloga, feminista y –como se autodefine- lesbianóloga. Reside actualmente en México, en donde se formó como Doctora en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Autónoma de México. Académica, investigadora y ensayista que cuenta entre sus trabajos «Teoría lésbica, participación política y literatura», «Un amor que se atrevió a decir su nombre: la lucha de las lesbianas y su relación con los movimientos homosexual y feminista en América Latina», «Voces de mujeres lesbianas, 1950-2000», “Del sexilio al matrimonio. Ciudadanía sexual en la era del consumo liberal”.

Entre las actividades que se desarrollarán se cuentan:

  • Presentación de sus libros “Del sexilio al matrimonio. Ciudadanía sexual en la era del consumo liberal” y “Contra –amor, poliamor, parejas abiertas y sexo casual”. Casa Mundanas, Sábado 24 de agosto. Presenta Toli Hernández
  • Diálogo Entrevista en torno a la Historia del Movimiento Lesbofeminista en Universidad Central de Chile a las 19:30 Martes 27 de agosto. Lord Cochrane 417, Salón Rojo. Entrevistadoras: Toli Hernández y Sujeith Vargas


[1] Activista lesbofeminista conocida como Toli Hernández. Doctora en Estudios Latinoamericanos Universidad de Chile.

[2] Los ELFLAC comienzan a llamarse Encuentros Lésbicos Feministas de Abya Yala – ELFAY en Bolivia 2012, cuestión que se retoma en Colombia 2014.


Bibliografía

  • Falquet, Jules (2014). Las «Feministas autónomas» latinoamericanas y caribeñas: veinte años de disidencias”. Revista Javeriana.
  • Hernández, Iris (2013). Daniel Zamudio: hacia la construcción de una noción de ciudadanía pluralista radical. ISEES Nº 12, enero – junio, 143-156
  • Memoria X Encuentro Lésbico Feminista de Abya Yala
  • Mogrovejo, Norma. (2006). “Movimiento Lésbico en América Latina y sus demandas”, en: Lebon Natalie y Maier Elizabeth (coordinadoras). De lo privado a lo público. 30 años de lucha ciudadana de las mujeres en América Latina. México: Siglo XXI. Unifem. Lasa.
  • Parpat, Jean (1996). ¿Quién es la Otra? Una crítica posmoderna de la teoría y la práctica de mujer y desarrollo. En http://www.debatefeminista.pueg.unam.mx/wp-content/uploads/2016/03/articulos/013_26.pdf Recuperado 11/08/2019

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