Tres días colgando en el FIBUTOH

Tuve el privilegio de estar tres días tomando talleres con Makiko Tominaga, una de las invitadas del Tercer Festival Internacional de Butoh en Chile, actividad que se lleva a cabo simultáneamente en las ciudades de Arica, Quilpué, Valparaíso y Santiago, contando con la presencia de representantes de Japón, México, Francia, Estados Unidos, Argentina, Noruega y destacados creadores nacionales. 

La “danza de la oscuridad” como también se le llama al Butoh, no es una expresión artística muy conocida en Chile. Es fácil de comprobar no sólo en la escasa cobertura mediática que tiene un festival de tamaña envergadura como el FIBUTOH, sino que también la baja cantidad de muestras o espacios de formación que existen fuera de estos excepcionales festivales, para quienes desean explorar este intrigante camino. Y es que resulta particularmente relevante lo de espacios de formación, pues habiendo asistido a una o dos de estas instancias, se reconocen de inmediato las mismas caras, los mismos cuerpos ávidos de aprender recursos y ejercicios que puedan interiorizar en sus procesos creativos.

tallerEn el marco de las actividades de formación, Makiko inauguró el festival con su taller, donde cada sesión del taller duraba cuatro horas, en las que ella proponía diferentes ejercicios, individuales y grupales, para liberar tensión, tomar consciencia del espacio y reconocer los demás cuerpos habitando dicho espacio. Todo esto en un estado de “suspensión”, fundamental para entender la idea de un cuerpo que se mueve sin intención propia, influenciado por otras fuerzas que le sugieren movimiento.

Resultaba interesante que las instrucciones de Makiko chocaran conceptualmente con las distintas disciplinas que algunos asistentes del taller practicaban: Bailarines, actores, artistas circenses. ¿Cómo abandonar la forma, trocar el movimiento intencionado por un lenguaje físico originario que no se planea ni planifica? Para esto, Makiko desafiaba también nuestro pensamiento estructurado, con premisas como “escuchar el movimiento interno y el movimiento del grupo”, “caer y colgar”, “elevarse como humo”, “abrir la parte posterior de la cabeza”. No bailar a un ritmo propuesto desde el exterior sino al ritmo que nos sugería a nivel más íntimo nuestro propio cuerpo.

En tal sentido, pareciera que el camino del Butoh (o al menos la corriente a la que adhiere Makiko) plantea tangencialmente preguntas que obligan a procesos de reflexión internos que luego tienen su correlato en la expresión exterior. Resulta difícil, si se está comprometido de verdad con el entrenamiento propuesto, no terminar preguntándose luego de caminar a una velocidad casi imperceptible, con los ojos desorbitados y suspendido de un hilo imaginario: ¿Es esta la velocidad que me sirve? ¿Cuántas velocidades realmente elegimos en la propia vida? ¿Qué tan conscientes somos de todos los ínfimos procesos que suceden dentro de nosotros, en la interacción con otros cuerpos, a través del paso del tiempo?

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De esta manera, resulta evidente que el Butoh no es un lugar cómodo, sino que promueve la exploración e intensidad. Uno de los ejercicios finales consistía en soltar la tensión agitándonos como poseídos durante varios minutos para luego, aún jadeantes, “colgar” y caminar lentísimo, como si los pies abrieran surcos en la tierra, “los mismos surcos que abrieron sus ancestros, caminan con toda la historia de sus ancestros detrás de ustedes”. Procesos de catarsis en los distintos cuerpos, preguntas que se van manifestando en la piel de los bailarines.

¿Qué es el Butoh? Ni idea. Una danza, una técnica, explicaba Natalia Cuellar (directora de la Compañía Ruta de La Memoria) al público luego de su presentación “Una mujer rota” en el Centro Cultural Palace de Coquimbo. No es una volada mística, no viene un fantasma a poseer el cuerpo de quienes lo bailan. Es tan real como las preguntas que en el silencio, podemos escuchar que se suscitan dentro de nosotros, con los ojos vueltos hacia adentro para observarnos bailar las posibles respuestas. Tan real como el movimiento de un cuerpo sin voluntad, suspendido en la nada, dejando que otras voluntades lo muevan. En el fondo, no es una idea tan ajena, pero hay que detenernos un momento a dejar que sus cuestionamientos nos inunden y nos hagan bailar.

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A continuación, una brevísima entrevista con la tallerista Makiko Tominaga. Es necesario señalar que el inglés no es el idioma nativo de ninguno de los dos:

-Hola Makiko.

-Hola (jiji)

-¿Cómo describirías para alguien que no sabe nada de butoh, qué es el butoh para ti?

-Esa es una pregunta difícil. No tengo respuesta porque aún me lo pregunto.

-¿Y cuáles son las preguntas a las que te ha llevado el Butoh?

-Creo en este momento, es una exploración del espacio, pero por momentos no hay adentro o afuera, pero en este espacio vacío siempre está pasando algo, algo nace, algo lo atraviesa. Estos son todos impulsos y por supuesto éstos me afectan, mueven algo en mí. Es muy difícil, pero en algunos momentos… lo interesante es que no se trata de reparar algo, sino que al mismo tiempo algo se atraviesa, y siempre es un proceso de encontrar algo… la pregunta, que es muy simple pero muy difícil ¿Qué es la vida? Porque la vida no es… nunca puedes ver o mostrar “esto es la vida” no existe tal cuestión…

-No hay respuesta definitiva.

-No, esto está siempre en proceso… Pero a menudo no podemos ver este proceso, porque lo que sucede es tan frágil. Y quizás a menudo ignoramos este proceso, o quizás esta suerte de secreto sobre qué es la vida, pero porque creo que nunca encontramos la respuesta. Pero este proceso se da sólo en el momento. Puedes sólo quizás sentir o atrapar algo, la esencia de la vida. Pero esto, de nuevo, este momento se va, todo el tiempo. Creo que el butoh tiene algo que ver con esto.

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-Una pregunta más: ¿Por qué el butoh es una expresión del arte importante para ti y por qué debería ser promovida?

-¿Por qué es importante? Por lo que estaba hablando antes. Creo que el butoh es un buen medio para también buscar y encontrar algo para trabajar o hacer visible, o ser capaz de sentir esta esencia de la vida, o este proceso… creo, espero, pero no sé.

-(Risas) Amo el constante “no sé”

-Sí, pero sabes, cuando digo “esto es así”, porque el proceso siempre está cambiando o quizás no, siempre te preguntas algo, y cuando crees que tienes una respuesta, el momento en que esta respuesta cambia, cambia la pregunta.

-Esa es una respuesta muy sabia.

-Eso es por lo que en este momento, digo creo que es así, pero mañana no sé lo que es. Si dices quizás un gran… sí puede ser, pero… lo siento, no sé.

-(Risas)

 

El FIBUTOH continúa realizándose hasta el 15 de octubre, con distintas funciones todos los días, algunas gratuitas y otras pagadas, presentándose espectáculos de alta calidad para quienes les interese esta forma de danza. Paralelamente se llevan a cabo los talleres de formación con distintos exponentes internacionales. La entrevistada de este texto, Makiko Tominaga, se presentará de forma gratuita en la jornada de clausura del sábado 13 octubre a las 20:00 hrs en el Teatro Municipal de San Joaquín. Toda la información está disponible en www.fibutoh.com

 

 por Gaspar Zuñagua

Fotografías de Hugo Ángel

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