“Miedo y preguntas de un hombre sin condón” (Stella Caffarena).

Stella Caffarena reflexiona sobre cuerpo, placer, derechos humanos y sociedad a propósito de la reciente campaña contra el VIH/SIDA del Ministerio de Salud, abriendo algunas preguntas para el debate.

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Nos teníamos ganas hace tiempo. Aprovechamos el vuelo de un besito mientras bailábamos y entre risas y copete nos terminamos comiendo con todo. Fuimos a su casa. Nos habíamos lamido mutuamente y cuando llegamos a su cama, ya sin ropa, le pregunté si tenía un condón. Él dijo que tenía alguno perdido por ahí, pero que le diéramos igual. Ahí se me fue la calentura rápido y entré en modo activista latera: Guachito lindo, ¿Cómo es eso que te da lo mismo usar condón o no? Nos sentamos en la cama y conversamos sobre culiar sin condón. Le pregunté si se había hecho el examen y ante su negativa, al ver mi cara que exigía una explicación para su actitud deliberadamente riesgosa, me dijo “Me da miedo… ¿Y si sale positivo?”.

Hace dos años que no teníamos campaña de VIH/SIDA. Personalmente me gustaba más la del 2015, con ese hermoso spot donde salían distintas parejas besándose mientras la cámara giraba alrededor. No ayudó mucho que los canales de televisión la transmitieran casi absolutamente en horario nocturno. Pareciera que por más progre o inclusivo que el Minsal se vuelve en cada campaña, rema contra una inercia social que condiciona las posibilidades de éxito de las mismas. La campaña de este año habla de prevención combinada, de grupos focalizados de riesgo y de retomar el enfoque en la información contra el peligro del desconocimiento. Más allá de las discusiones acotadas sobre la visibilización de los sectores en mayor riesgo, pensemos en términos macro: ¿Es suficiente una campaña de unos cuantos meses para salvar la carencia de dos años en la materia? Depende de los objetivos. Si quisiéramos poner en discusión con mayor intensidad un tema determinado, la campaña debe ser necesariamente provisoria. Ahí cabría preguntarse; ¿No debería una campaña del Minsal en VIH/SIDA tener preferencia o facilidades al momento de ser reproducida por medios de comunicación masiva? ¿Cuántos millones debe desembolsar Minsal por unos cuantos segundos en televisión, en horarios de poco impacto, de acuerdo a las reglas del juego económico del rating? Obviando lo anterior, si quisiéramos que los objetivos de la campaña sean los de educación a la población, queda en evidencia lo insuficiente que resulta.

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Hablar de VIH/SIDA no es sólo hablar de una campaña – la cual es absolutamente indispensable, por cierto-, así como hablar de sexo no es sólo hablar de ITS. Hablar de VIH/SIDA implica hablar de sexualidad y afectividad, de placer y riesgo, cuestiones que deberían estar en un Programa Nacional de Educación Sexual con contenidos mínimos en los colegios. La ley 20.418 está vigente desde el 2010: ¿Dónde está el seguimiento y fiscalización de que efectivamente se apliquen esos programas? Resulta indispensable el énfasis en la detección temprana del virus, pero pareciera obvio que entre diagnosticar posibles portadores a través de un oportuno Test de Elisa o evitar que la población llegue siquiera a la necesidad de hacérselo, la segunda opción es más eficiente. ¿Estaríamos discutiendo -con el nivel de la discusión actual- cuestiones tan evidentes en DDHH como la despenalización del aborto en tres causales si tuviésemos educación sexual como política estatal? ¿Quién podría negarse a que los jóvenes accedan a la información necesaria para gozar informadamente de su sexualidad, conscientes de los medios para protegerse y de las consecuencias de los riesgos que asumen en cada práctica sexual? ¿Cuántos guachitos andan por ahí con miedo a los resultados de un examen, con miedo de asumir el riesgo que siempre ha rodeado la búsqueda del placer? Aquí es cuando toda campaña queda corta, en tanto nos habla de riesgo sin el contexto educacional necesario que también nos hable de placer. La sexualidad humana es un terreno lleno de luces y sombras, un tema amplio y complejo cuyo tratamiento implica más que la gestión de un Ministerio. Sólo hablando de VIH nuevamente, el Minsal no es suficiente: ¿Dónde está el Mineduc, Sernameg, Injuv, Gendarmería?; sólo hablando de prevención, ¿Cuál es el porcentaje del presupuesto anual en VIH/SIDA que se destina a su prevención? ¿Cuánta gente sabe de la inclusión del test en las GES, de los derechos que garantiza la ley 19.779? ¿Por qué en pleno 2017 hay cabros que no saben que tienen derecho a exigir condones gratis en un consultorio?; sólo hablando de responsabilidades políticas en el tema, ¿Qué pasa con el juicio social a la Iglesia y la derecha, esos mismos personajes nefastos que se negaban al divorcio, a la entrega de preservativos a menores de edad, que se niegan hoy a despenalizar el aborto de un mujer violada? ¿Qué pasa con la urgencia de hablar de VIH/SIDA en todo programa político, de exigir propuestas concretas en educación sexual en el debate político, ad portas de nuevos períodos de elecciones?

Me mareo cuando hablo de VIH/SIDA. Hay tanto que hacer y la sociedad civil no puede permanecer indiferente. Desde la presión colectiva para apurar la respuesta del Estado en la materia, hasta la educación en nuestros círculos más inmediatos. También en leer la información entre líneas: ¿Es pertinente en nuestro contexto actual, hablar de test rápidos de detección que la gente pueda hacerse en privado, sin una consejería adecuada? ¿A quién beneficia esto de la medicalización de la prevención, esto de hablar de PrEP en Chile cuando ni siquiera tenemos educación sexual pública? Me hago todas estas preguntas mientras le respondo el whatsapp al guachito lindo y le digo que sí, que no tengo problema en acompañarlo al consultorio la próxima semana a hacerse el examen. Yo igual voy a aprovechar a hacerlo, por si la sífilis u alguna otra cosa. Le respondo que no se de color, que sin importar el resultado que salga, le voy invitar a conversar una chela en mi cama, que esta vez yo llevo los condones.

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Fotografías pertenecen a la muestra “Lo que el SIDA se llevó”, instalación fotográfica de las “Yeguas del Apocalipsis”. Pincha aquí para leer más al respecto

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