Fernanda Pinilla: ¿Cómo no te voy a querer?

¿Cómo esperan ustedes la participación de Chile en el Mundial de Francia 2019? Ante esta pregunta, mucha gente se queda pasmada o me replica que el Mundial pasó hace rato. Otros se ríen, diciendo que Chile ni siquiera clasificó para la última versión del torneo. Pero sí clasificó. Y sí hay Mundial. Que la selección que clasificó esté conformada por mujeres y la Copa Mundial de Fútbol se apellide “Femenina”, no hace menos chilenas a las primeras ni menos Mundial a la segunda. De hecho, resulta chocante esta explicación para algunas personas, el recordatorio incómodo de que Chile sí va al Mundial, quienes no van son los hombres.

De estas cosas me acuerdo no porque sea una fanática del fútbol (no sé ni jugarlo), sino debido a la declaración hace unas semanas atrás, de la seleccionada Fernanda Pinilla en el medio Palabra Pública, donde se reconoce como lesbiana y feminista. Fernanda, que a sus 24 años compatibiliza sus estudios en el Doctorado en Física de la Universidad de Chile junto a su entrenamiento diario como delantera de la selección chilena, nos dice que el fútbol es muy heteronormado, que Chile no es un lugar seguro para ser lesbiana y que su entrevista ha provocado que muchas niñas y niños se le acerquen para agradecer el gesto de compartir su historia.

Fernanda-Pinilla-021Mientras buscaba información para este texto, tuve que entrecruzar datos de distintos medios nacionales, debido a que unos omitían los estudios de doctorado de Fernanda y otros descartaban el posicionamiento político de su declaración como feminista. De esta manera, los mismos medios que no escatiman en detalles para informarnos semana a semana sobre el choque de auto de algún jugador, o su nueva pareja, o la millonaria suma que desembolsó algún club por sumar a otro jugador a sus filas, entregan un perfil incompleto de Fernanda, negando su importancia mediática y su aporte como referente cultural.

No culpo al machismo en los medios del hecho de no haber aprendido nunca a jugar fútbol, ya que siempre fui pésima para el deporte, pero creo que algo habría cambiado respecto de ese desinterés, mío y también de muchas otras compañeras mujeres y maricas que nunca nos sentimos convocadas a esos juegos, si hubiéramos tenido más Fernandas rondando en nuestra infancia, por el carácter excluyente de la masculinidad exacerbada que ocupaba todo posible espacio de representación entre quienes pateaban el balón.

Esto lo he planteado varias veces en espacios de hombres con camisas de sus equipos favoritos y hay cierta resistencia a la posibilidad del análisis político que puede cruzar al fútbol. “La pelota no se mancha” dicen algunos. Los más letrados citan a Sacheri, con una frase que poco deja al debate: “Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales; desconozco cuánto sabe esa gente de la vida, pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol”. Pero chicos, ¿Se dan cuenta cómo se amplía esa frase cuando las Fernandas del mundo se hacen visibles? En un escenario nacional cooptado por las sociedades anónimas que lanzan al mercado el divertimento popular, la idea de hablar sobre feminismo y roles de género en el fútbol es el planteamiento revolucionario que debería hacernos cuestionar toda la cultura testosterónica que rodea al juego, esa que naturaliza la violencia de las barras como ejercicio de chovinismo deportivo, que no da relevancia al protagonismo femenino en la cancha, que mantiene a sus grandes estrellas varoniles en la escasez de herramientas intelectuales, encarrilados en declaraciones vacuas que alimentan el acervo cultural futbolero que se transmite a generaciones más jóvenes, que a su vez entienden como tácitamente excluyentes la posibilidad real de jugar en una selección profesional y hacer estudios de postgrado.

Por eso yo hago eco de las palabras de Fernanda Pinilla. Si este juego es un reflejo de la vida de los hombres y mujeres, que en ese reflejo quepan todos los rostros de quienes históricamente se han negado la oportunidad de soñar con meterle un gol al status quo patriarcal en que se cimenta hoy el fútbol. Si en el simple acto de patear un balón están camuflados los aspectos más esenciales de la vida en sociedad, que esas patadas pongan en movimiento el cambio necesario para dejar de ningunear el esfuerzo deportivo de las mujeres que juegan fútbol, para acostumbrarnos a ver jugadoras besar a sus pololas al finalizar un partido y escuchar más gritos femeninos en la cancha del barrio, no desde las gradas sino que jugando, divirtiéndose y riendo, indiferentes a las reflexiones artificiosas sobre el fútbol y la vida.

Stella Caffarena

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