El desafío de un Frente Amplio en la Región de Coquimbo: Pasar desde el descontento a la organización. Por Vladimir Morales

El Frente Amplio busca ser una alternativa ciudadana y transformadora por fuera de los grupos empresariales y los partidos políticos del duopolio (Nueva Mayoría y Chile Vamos). Bajo este marco, 11 partidos políticos y diversas organizaciones sociales han comenzado a reunirse a lo largo de todo el país, con el objetivo de generar un programa común de unidad que mediante primarias ciudadanas pueda llevar un/a candidato/a a la disputa de las elecciones parlamentarias y senatoriales de este año.

En este sentido, el frente amplio pretende aglutinar la voz de los “no escuchados”, de aquellos que por más de 26 años de gobernanza élite político-empresarial fueron dejados de lado o relegados al bono y al subsidio (si es que una ficha mezquina lo estima conveniente). Pero cabe una duda , ¿Es posible que un escaño en el parlamento permitirá que los no escuchados sean escuchados? .La historia y arquitectura del sistema político actual nos dice que no.

Ante esto el desafío es claro: Un Frente Amplio que busca ser transformador, está destinado a buscar la unidad de los movimientos sociales, la organización de los descontentos en la diversidad, bajo una democracia profunda y vinculante de la toma de decisiones.

La Región de Coquimbo una laguna de incertidumbres que en nada se parece al resto del país, con un importante patrimonio cultural e histórico, valles, reservas ecológicas,(marinas y terrestres) etc., se transforma entonces en un territorio ideal para un Frente Amplio que recoja todo lo que lo que los partidos políticos del duopolio y su brazo empresarial se han dispuesto a amenazar en los próximos años.

Es ya sabida la situación de la comuna de la Higuera con el proyecto minero-portuario Dominga, donde, entre la falta de empleo y protección del medio ambiente, sus habitantes se ven enfrentados a la realidad de un país centralizado con un modelo de desarrollo extractivista y avasallador que pasa por encima de los derechos fundamentales de la caricaturizada constitución chilena y los convenios internacionales los cuales el país ha adherido.

Es así como las problemáticas regionales afloran y desencadenan el levantamiento de movimientos sociales que, cada uno por su lado, busca hacer “resistencia” para no ser pasado a llevar ante tanta maquinaria. Una maquinaria extractivista que no solo trae problemas socio-ambientales sino que pretende la sobre-explotación de la región en base al desarrollo económico proyectado en el marco del eje Mercosur, que toma forma con la construcción del tunel bioceánico (Paso de Aguas Negras).

Por otra parte, la planificación urbana entregada a manos de la especulación inmobiliaria por los inescrupulosos miembros del Consejo Regional, deja en evidencia la clara intención de resguardar el interés empresarial bajo la falsa consigna “desarrollo sostenible”. ¿Que sostenibilidad pueden tener ciudades como La Serena y Coquimbo, donde constantemente se cambia el uso del suelo a merced de las necesidades del mercado?. Bajo esta misma lógica ¿Resguardaran nuestra calidad de vida ante el modelo de desarrollo que se implementará en los próximos años?.

16508107_1128442810614438_5475736496200692340_nUn frente amplio en la cuarta región no está llamado a ser testimonial ni una falsa ilusión, debe ser una alternativa amplia, ciudadana, democrática y por sobre todo diversa. Mirar lo electoral como un método de lucha más, que le permita a los movimientos sociales y comunidades constituirse como interlocutores válidos en defensa de sus derechos. Trascender como aglutinador del descontento social bajo una sola voz que se hace “carne” en un programa transformador, programa que está llamado a ser construido por una fuerza política y social organizada bajo la bandera de los derechos sociales y medioambientales, la soberanía nacional/regional y la profundización democrática de las instituciones.

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