El Banco Mundial, la derecha chilena y Fefi (Stella Caffarena).

Stella Caffarena le da una lectura personal al escándalo por manipulación de datos desde el Banco Mundial en plena campaña presidencial chilena para beneficiar al, entonces candidato, Piñera. Lo personal es político dijeron por ahí.

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Desde chiquita, o al menos desde cuando pude tomar conciencia política del problema, me ha costado trabajo entender el síndrome de Estocolmo colectivo que se produce cuando la derecha arrasa en las elecciones en este país. Afortunadamente, yo he tenido a mi amiga Stephanie para darme pistas en este proceso de comprensión.

Con la Fefi nos conocemos de potrillas y no hemos permitido que el tiempo u nuestras diferencias generaran distancias entre nosotras. Este compromiso de apoyo mutuo y fraternidad se puso especialmente a prueba en el crítico año del 2009. Mientras Piñera y Frei se confrontaban en cadena nacional, Fefi y yo nos enfrascábamos en discusiones que terminaban en la condescendencia cínica de Fefi. Decía que admitía la necesidad de cambios sociales, admitía la urgencia de reconocer derechos postergados a la época, pero priorizaba siempre el bienestar económico a toda costa. “Lo que importa en el fondo es tener plata en el bolsillo” me decía a modo de conclusión obvia.

Fefi llevaba para entonces un par de años comprometida con un empresario local con muchos trabajadores a su haber, y empezaba a asimilar conductas y pensamientos del “Patrón” luego de oír sus monólogos con la paciencia y admiración obligada de una novia ideal. Ese año, Piñera ganó las elecciones y nosotras nos vimos menos durante esos primeros dos años (yo usaba mi tiempo libre en organizaciones y postergaba llamarla, la verdad).

Un día, cuando la agitación de los estudiantes se apagaba y Hinzpeter sonreía triunfante a las cámaras, Fefi me llamó. “Este weón es un fraude” me dijo como introducción. A Fefi, que no había terminado nunca sus estudios universitarios por falta de plata, la posición de Patrón le parecía la consecuencia lógica de la realidad-país. Los viajes constantes, las cenas exclusivas y la tranquilidad para dedicar sus días en aprender terapias de flores, cuarzos y cuencos tibetanos, todo emanaba de la seguridad que Patrón prometía hasta el fin de sus días. Pero luego de esa llamada y de varios desengaños más, Fefi abrió los ojos y supo hacerse a un lado cuando empezaron a rematar bienes de Patrón para pagar indemnizaciones acumuladas por años a sus trabajadores.

Me acuerdo de todo esto no porque mi memoria funcione ante el estímulo de la coyuntura nacional, sino por el mensaje de texto que Fefi me mandó al día siguiente de saberse lo del Banco Mundial y la alteración de las cifras de competitividad económica en el gobierno de Bachelet: “weona, a chile le hicieron lo mismo que a mí ctm”.

Cabe preguntarse, antes de saberse el chanchullo revelado por Paul Romer -economista jefe del Banco Mundial-, si acaso Chile no era como Fefi, una mujer con potencial postergado, secuestrada por el mito de la seguridad económica. Si en este país, lleno de gente que –aunque la tonteen una y otra vez en las promesas de campaña- sabe lo que quiere y necesita, sigue ganando la promesa de la derecha liberal que prioriza el crecimiento financiero por sobre cualquier otra discusión de derechos sociales, económicos y culturales; ¿Qué pasa cuando la promesa se revela como un artificio para aparentar lo que no es cierto? Si para el votante que no es ducho en el debate de ideas políticas, la gran diferencia entre Piñera y cualquier otro candidato de oposición era la promesa de trabajo y más plata en los bolsillos en relación a la aparente mala gestión de Bachelet, ¿Qué escogerían hoy esos votantes, sabiendo que los índices se manipulan a todo nivel, sabiendo que el caballito de batalla de la derecha liberal es un bluff?

Creo que esta es una buena oportunidad para dejar de pensar en la economía como una ciencia exacta, imparcial e inentendible para los comunes mortales. Es una excelente ocasión para entender la economía como el juego feroz que conduce nuestras vidas y también nuestras decisiones. Es esta una chance para dejar de ser pasivas ante este juego y asumir una postura activa y propositiva como país, definiendo lo que es mejor para nosotras. Ante el desengaño, veo aquí el momento para soltar los globos y comprender con madurez de dónde vienen las promesas que nos han hecho confiar en quienes no tienen nunca escrúpulos ni vergüenza.

Y aunque seguro querrán negar todo, aunque quieran echar tierra a los vínculos entre Augusto López-Claros (encargado del Doing Bussiness Report) y Cristián Larroulet (ex ministro secretario general de la presidencia de Piñera), aunque se nieguen las conexiones entre López-Claros y ex controladores de Penta, la Universidad del Desarrollo y la sonrisa complacida de Felipe Larraín (ex ministro de Hacienda de Piñera y miembro del consejo consultado para elaborar el cuestionado índice de competitividad), ya es hora de que como Fefi, que hoy es una lesbiana ecofeminista radical hizo uso de su autonomía como mujer para cometer sus propios errores alejada de falsas redes de seguridad, nosotros como país ejerzamos nuestra soberanía para cagarla como queramos, para pensar en un futuro mejor sin la amenaza pasivo-agresiva del crecimiento económico que tanto cacarean aquí en Chile los patrones a sus trabajadores.


Nota del editor: Este texto fue publicado con el conocimiento, consentimiento y palabreo correspondiente de Fefi a Stella.

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