Efectos colaterales de una política de derechos (Simón Iribarren).

Nuestro amigo Simón Iribarren, alias Ciudadano Bongardiano, nos invita a pensar más allá de la reivindicación del derecho gratuito de acceso a la educación. ¿Qué pasa con el paradigma vigente basado en la uniformidad y competencia?, ¿Es eso lo que queremos garantizar a tod@s? Estas y otras preguntas orientan la presente reflexión.

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El reciente anuncio del presidente Piñera sobre la obligatoriedad del Kínder, me recordó algunos diálogos sostenidos durante las movilizaciones estudiantiles del 2011 en los que analizábamos los términos “público” y “estatal”. Pero en concreto, me devuelve a una idea que se mezclaba en las discusiones, la idea de la obligatoriedad de estos derechos (entendiendo la obligatoriedad del kínder como una política para “garantizar el derecho a la educación”).

Mi pregunta es, ahora que el kínder será obligatorio ¿existirá apertura a la diversidad de proyectos educativos? ¿Qué otras políticas acompañan esta medida en la labor de mediar la cultura de los niños y niñas?

Si yo tuviera un hijo/a, y pudiese arreglármelas para poder pasar con él o ella gran parte del día, no lo llevaría a un Kinder que tenga un enfoque valórico asociado a la competencia y desde una visión adultocéntrica, buscaría pasar el mayor tiempo con el/ella, buscando espacios de socialización con la familia y amigos/as. Me sorprende ver niños y niñas de 4 y 5 años frustrados por no poder hacer sus tareas, educadoras de párvulos ganando sueldos miserables y trabajando en condiciones poco favorables, familias que por diversos factores más que sumar en muchos casos obstaculizan los procesos de desarrollo sano de sus propios hijos e hijas (ya sea con modelos de conducta, mala alimentación o dejándoles solo con la TV hasta altas horas).

Si este es el kínder obligatorio, pues no estoy de acuerdo, aun así, debe existir un espacio para los niños y niñas cuyos padres, siendo afectados por la degenerada desigualdad que existe en Chile, no tienen la opción de crecer junto a ellos, y ese espacio debe ser inclusivo, acogedor, no debe ser segregador, debe reunir cuánta diversidad exista, ya que así esos pequeños y pequeñas, lograrán que los padres y madres, en general los adultos, podamos juntarnos y hablar, ese poder tienen los niños cuando no los negamos, el hacernos ver las cosas desde otro enfoque, desde uno que está más abajo, de los que no ven la diferencia, de los que son naturalmente inclusivos, lejos de nuestros sesgos culturales. Hoy esto se logra en algunas comunidades, sobre todo en la educación alternativa, lamentablemente estas no son de fácil acceso para quienes no tienen las posibilidades materiales, ya que no hay apoyo del Estado ni de nadie, solo son posibles por autogestión o por financiamiento directo de las familias.

Al igual que las escuelas y liceos, la educación alternativa a la oficial debe validarse, y debe apoyar su existencia. La educación no puede ser estandarizada y abandonada, no puede ser única en sus contenidos y formas, no puede ser medida con la misma vara, y si no dejamos espacio para que surjan nuevos proyectos, probablemente, la segregación, la polarización y la desigualdad, seguirán teniendo en las escuelas y kinder, un nicho rico para seguir creciendo.

No por garantizar un derecho, debo obligar a todos a tener la misma forma de acceder a él y quedarme en la estadística de cobertura, porque si bien hoy son bajos los índices de analfabetismo y son aceptables los de cobertura educacional, la forma en la que se llevan a cabo, no cumplen el objetivo de la educación por dos motivos: 1) las formas son impuestas y todo lo impuesto genera un impulso a ser rechazado 2) la educación es un fenómeno complejo, y se debe abordar desde su complejidad, por lo tanto, las políticas contra la desigualdad y la segregación, las políticas de seguridad y salud, las posibilidades alimentación y por favor los medios de comunicación, deben estar en la misma sintonía, en el desarrollo pleno e integral de los seres humanos y su entorno.

No creo que sea necesario masificar de forma obligatoria estructuras “educativas” basadas en la competencia y sin todo un cambio sistémico que pueda garantizar el bien-estar en general de la sociedad, ni aunque estas sean supuestamente para cubrir un derecho. Si vamos a obligar a tomar los derechos, creo que se deberían diversificar las formas, situarnos en nuevos paradigmas más inclusivos y sustentables, que busquen y caminen por el Bien-estar, apoyar proyectos alternativos materialmente y no generar políticas parciales, sino cambios integrales y sinérgicos que aborden la complejidad de la cobertura de un derecho sin generar efectos colaterales dañinos.

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