De Haití a Tierras Blancas: Experiencia educativa de español en migrantes.

Pudimos presenciar y conocer una experiencia educativa comunitaria en Tierras Blancas que favorece a un grupo de migrantes haitianos. Les compartimos una crónica del encuentro e imágenes (por Ricardo General).

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¿De qué se trata aprender? ¿Es sólo el proceso de adquirir un conocimiento o una herramienta para usarlo en lo cotidiano o tiene otra función? ¿Y qué pasa cuando aprender implica abrirte a un mundo nuevo, a una nueva forma de ver tu día a día y que puede incluso salvarte la vida?

Muchos/as de nosotros hemos tenido la posibilidad de aprender otro idioma o por lo menos lo hemos intentado. En la escuela nos enseñaron inglés o francés,  incluso lxs más favorecidxs han aprendido italiano, alemán o algún otro, pero ¿qué pasa cuando necesitas aprenderlo? Cuando te tuviste que ir de tu espacio vital huyendo, buscando una esperanza, una respuesta o simplemente una forma de ganarse la vida y, de paso, generarle la idea de que pueden vivir otra realidad a las personas que quieres.

Todas estas preguntas aparecen en nuestras cabezas cuando vemos a Voltaire, Fritsnel o Amus mirar y escuchar con profundo respeto a Estefany, mientras ella les enseña a dar las gracias o pedir la cuenta en un restaurante. Porque aprender otro idioma, con la urgencia y además el poco tiempo que te da un sábado o domingo por la tarde,  implica pasar muchas veces por alto la sintaxis, la gramática y los tiempos verbales. No es que no se haga, pero cuando necesitas comunicarte para pedir trabajo, viajar dentro de la ciudad o arrendar una pieza muchas veces la prolijidad no es prioridad.

Nos preguntamos quiénes son este grupo de jóvenes, hombres en su mayoría, que gracias a la buena voluntad y solidaridad de una familia de Tierras Blancas, han logrado construir con cierta regularidad un proceso de aprendizaje que les permite desenvolverse de manera básica en un entorno distinto.

La mayoría de ellxs llegó a Santiago desde Puerto Príncipe y otras zonas de Haití buscando un cambio, conseguir trabajo y poder ayudar a sus familias en la isla. Optaron por el conurbano La Serena-Coquimbo porque la capital está saturada y no se encuentran oportunidades laborales. Esta ciudad es más fría y la playa una tortura, muy lejos de su caribe acalorado y tormentoso. Pero contar con agua potable –solo abriendo la llave- y salud en un policlínico les parece la gloria; aunque sufren por los abusos en el precio de los arriendos y las condiciones laborales ya que no pueden leer un contrato y en consecuencia, se hallan imposibilitados de exigir sus derechos más básicos.

Wendel, quien mejor habla y lee español, es el traductor del grupo. Se complica cuando tiene que dar ejemplos y al igual que nosotrxs cuando estábamos en la escuela, hace chistes a espaldas de la profe, como si ella entendiera el creolè, para que sus compañerxs entiendan de mejor manera. Apoya a los recién llegados y si es necesario le llama la atención, cosa que hace con cariño pues sabe y entiende lo difícil que es entender nuestra Ñ, que no es lo mismo que la GN y que la R puede ser también doble.

Cuando nos empezamos a ir, ellos practican en parejas un diálogo en un restaurante. Nos vamos en silencio para no interrumpir el desarrollo de la clase, pero es inevitable no escuchar los chaos y los gracias acompañando las sonrisas que nos regalan, hasta que vuelven sus miradas a la profe, escriben en sus cuadernos y quizás guarden la esperanza de quedarse en una tierra que poco a poco sienten suya.

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Nuestros agradecimientos a la profe Estefany Erices y su familia por abrirnos la puerta a tan linda experiencia.

 

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