«Cristián Desde su Jardín» (Carta abierta a Cristián Warnken).

Rodrigo Durán Tapia, profesor de artes y música, le escribe esta carta abierta a Cristián Warnken, luego de la polémica desatada cuando el académico agradece públicamente al denostado Ministro de Salud saliente, Jaime Mañalich, a través de su columna en el diario de Agustín Edwards, «El Mercurio». Luego de una ola de críticas, Warnken vuelve a la carga, defendiéndose y apelando a la pandemia de la intolerancia, de la cual sería víctima. Frente a ello, nuestro estimado profesor de Coquimbo le dedica algunas palabras.

Cristián, me tomaré la confianza, no solo para tutearte, sino también para hablarte de ciertas cosas. De una realidad que, aparentemente, desde la “Belleza Nueva de Tu Jardín” no puede ser avizorada.

En primer lugar te cuento que yo soy un simple obrero de la educación. Si se quiere, un colega tuyo, del área de las «Artes Musicales». Pero, a diferencia de ti, mi desempeño no es en aulas universitarias, sino que en tres colegios, y dos de ellos son establecimientos públicos de la comuna de Coquimbo.

No tengo una tribuna en un diario con tanta historia como «EL Mercurio» (sabemos qué tipo de historia). Soy de provincia y, como verás, este texto es para ser publicado en un medio de información alternativo, de región, y con vocación popular. No pertenezco a ningún partido político. Mi única militancia activa creo que es con la educación y el arte.

Lo particular de los establecimientos donde trabajo es que dos de ellos son de educación especial y, por ende, trabajo con niños y jóvenes que presentan no solamente situación de discapacidad intelectual, sino que también condiciones sociales de raíz muy adveras. Y aunque, en comparación, mi situación parece ser más cómoda, yo diría que mi rol de un simple profesor de aula (y del área artística más encima), y sobre todo en
contextos donde son patentes la dureza y la carencia en las condiciones de vida de muchos niños y niñas y sus familias, me hacen contemplar con profundo escepticismo la integridad que este último tiempo ha tenido tu labor divulgativa e intelectual, más bien, tu figura como agente
cultural.

Y quizá sea fácil pensar que esto lo cuento para ponerme en una especie de superioridad moral y todo eso. Sin embargo, solo quiero dar sustento de realidad a mis palabras, ya que tus palabras avalando al ministro saliente de este régimen, también tienen su sustento en la
realidad, pero es una realidad que se encuentran tan allá arriba, tan elevada y lejana a la de muchos muchos otros.

Y es que, al parecer Cristián, ese hábito tan necesario y loable de buscar un refugio en el jardín, tanto en su dimensión material como en su cariz metafórico de las ideas y bellos diálogos, para conectarse con lo numinoso, lo inefable de la existencia, te ha confinado a un tiempo y lugar elevado y perdido, solo colindante con una especie de deprivación empática, o
quizá solo simple indolencia.

Siendo más que evidente el desgarro social y comunitario en el que intentamos con-vivir, creo que es pertinente abordar tu último alegato en contra de la intolerancia de la cual te sentiste una víctima, donde, dicho sea de paso, de forma levemente impúdica te comparas con nombres como Enrique Lhin y Nicanor Parra.

Ante eso yo quisiera reivindicar la actitud intolerante, pero no esa intolerancia que se dedica a denigrar a otras personas por sus visiones políticas o de mundo (tan propia del fascismo y neo- fascismo). Más bien creo necesario dejar de tolerar el abuso constante y criminal de un Estado
manejado por una elite social, política y empresarial, principales responsables del desgarro del entramado social. ¿Sabes de dónde se ha fomentado el extremo individualismo y la actitud mezquina que tanto te ha tocado estos días?, ¿te parece que es digno de agradecimiento la
actitud arrogante, la trampa, el ocultamiento de la verdad, la falta de empatía por familias que solo son cifras para este gobierno?.

Te muestras como una especie de puente de diálogo y reconciliación, pero ante el actuar aberrante de estas “autoridades” y sus agentes (ministros,
subsecretarios, policía y un largo etcétera), ¿crees que es sostenible esa actitud tan democratacristiana (a la chilena, ni chicha ni limoná, como diría el gran Víctor). ¿O es que acaso Cristián, con la agudeza de tu pensamiento, las luces de tus lecturas y los años de experiencias y conversaciones a cuestas, no se te ha ocurrido que quizá sin justicia no puede haber paz
verdadera?, ¿puede hablarse de reconciliación cuando se sigue castigando a la gente que solo necesita salir a hacer sus chauchas? (eso sin abordar las violaciones de los DD. HH. por parte del Estado, que para eso es robusto, pero para asegurar condiciones mínimas de igualdad y desarrollo
se muestra tan feble).

Desde luego Cristián que tienes el derecho a soslayar todo aquello en pro de una pretendida actitud conciliadora que bailotea al ritmo de los que están allá arriba (es cosa de ver algunos nombres de los firmantes de la carta que pretende resarcirte y no sé si da para sentirte orgulloso por la presencia de algunos personajillos). También tienes todo el derecho de sentirte tan atacado cuando se te critica, justamente, por la degradación de tu pensamiento que alguna vez asomó como lúcido. Hay intelectualidad para todos los gustos y visiones políticas, Cristián. Sin embargo creo, humildemente, que los que realmente trascienden son los que tienen la valentía de salir de la comodidad de su Jardín, asomarse a la calle y
entregarse al más sublime acto de Belleza que puede haber hoy en día: resistir los embates del poder con pura solidaridad y empatía con la gente.

Atentamente:
Rodrigo Durán Tapia

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