Clotario Blest: Predicador de la unidad de la clase trabajadora.

Clotario Blest Riffo es uno de los más emblemáticos representantes de la clase trabajadora en la historia del movimiento social y popular chileno, equiparable a figuras como Luis Emilio Recabarren y Teresa Flores. Siempre defensor de la autonomía de trabajadores y trabajadoras frente a las burocracias partidarias, y ampliamente reconocido por su consecuente coherencia entre ética, pensamiento y acción, entregando su vida a las causas del mundo popular.

Fotografía de Alfredo Jaar

Inicios de su labor político social

Blest comienza su vinculación con el pensamiento social cristiano durante sus estudios en el Seminario Pontificio de Santiago, luego de conocer al sacerdote Fernando Vives. Posteriormente, se abre al sindicalismo al comenzar su vida laboral, cuando asiste a charlas y conferencias de Recabarren en los «años 20», a quien siempre se refirió como “el líder más importante que ha producido la clase trabajadora chilena”.

Su vida social se desarrolla llevando a la práctica la idea del «Jesús obrero», participando del grupo de estudios «El Surco», militando en el «Partido Popular» y escribiendo sus primeros artículos en el periódico de dicha organización: «El Sindicalista», siendo parte de la llamada «Casa del Pueblo» y, posteriormente, incorporándose a la «Unión de Centros de la Juventud Católica». Uno de los hitos de este periodo de su vida es impulsar la fundación de el llamado: «Grupo Germen», donde su acción buscaba difundir principios cristianos «de base» y apoyar a la clase trabajadora. Ello, en plena dictadura de Carlos Ibañez del Campo. La acción del grupo se enfoca en interpelar a falsos católicos defensores del capitalismo, defender los derechos de los trabajadores, agitar el rol del cristiano comprometido y, por esos años, denunciar la influencia del fascismo emergente y defender las posiciones de los republicanos españoles. El logo del «Grupo Germen» se componía por una cruz acompañada de una hoz y un martillo, como forma de unir el imaginario de la clase trabajadora con el ideal cristiano, siendo considerado por muchos como un precursor de lo que posteriormente emergería como el movimiento por una «Teología de la Liberación».

Participa en la «Liga Social de Chile» fundada por el sacerdote Fernando Vives (uno de sus grandes inspiradores y maestros), cuya iniciativa promovía una economía de tipo corporativo como proyecto político, organizada sobre la base de profesiones subordinadas al interés general. En ese contexto, Blest entrega su apoyo a la República Socialista de Chile, liderada por Marmaduque Grove el año 1932, la cual derriba al gobierno de Esteban Montero y se declara como fundadora de una «república de trabajadores dignos, libres y conscientes, y no de esclavos». Dicha cuestión, generó tensión en la interna y propició la disolución posterior de la Liga.

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Liderazgo en el movimiento obrero

Blest tuvo un destacado rol dentro del mundo de los empleados fiscales, desde que comienza a trabajar en la Tesorería General de la República el año 1922. Es nombrado Tesorero Comunal en Providencia y luego en San Antonio, donde propicia el desarrollo de una escuela nocturna para obreros, además de una sociedad protectora de animales. Posteriormente, desarrolla acciones para promover la organización nacional de los empleados fiscales, comenzando por fundar la «Asociación Deportiva de Instituciones Públicas (ADIP)», el año 1938, antecedente directo de lo que posteriormente sería la «Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), creada en 1943. Blest fue elegido presidente de dicha instancia por 15 años.

En varias entrevistas, Clotario cuenta que los trabajadores públicos estaban sometidos a miserias, sin embargo no podían formar sindicatos por escollos legales. En ese contexto, y como forma de concitar el interés masivo, comienza a formar «clubes deportivos y culturales», donde el apellido «cultural» le permitía dar charlas sobre la importancia de la organización y otros temas sindicales al terminar las actividades deportivas. Todo comienza con el «Club Cultural Deportivo Tesorería» y luego se expande por otras reparticiones públicas. Muchos funcionarios ingresaban con interés deportivo y terminaban transformados en dirigentes. Posteriormente, como la ley no les permitía constituir sindicatos, pero si aceptaba la figura de asociaciones, se gesta la «Asociación de Empleados de Tesorería», y poco después la «Federación de Trabajadores del Estado» (FTE). La antesala de lo que sería la ANEF ya estaba desarrollada.

Fotografía de la Revista «Life»

Durante el año 1949, participa activamente de la histórica «Revolución de la chaucha», en protesta por el alza de pasajes. Luego, tiene un importante rol en la gran huelga de 1950, durante el gobierno de Gabriel González Videla, donde la intensa movilización popular logra hacer caer estrepitosamente a su gabinete, del cual Jorge Alessandri era su Ministro de Hacienda.

El Primero de Mayo de 1952, se define la convocatoria a una conmemoración unitaria del día internacional de los trabajadores, y Clotario habla frente a la muchedumbre agitando la unidad en medio de una amplia aceptación de la multitud: “¡Sólo la unidad hará posible que triunfemos en nuestras demandas! Por eso les pregunto: ¿quieren o no la unidad?” (…) “¡Entonces, díganselo a todos estos dirigentes! ¡Díganles ustedes mismos que quieren la unidad!”. Luego de ello, miles de voces se escuchan al unísono por varios minutos: “¡Unidad, unidad, unidad!”. Estaba regada la semilla de la unidad de la clase trabajadora chilena y forjado el camino hacia una central única sindical.

El 12 de febrero de 1953, más de tres mil delegados sindicales se reúnen en el «Teatro Coliseo» y, luego de varias jornadas, se anuncia la fundación de la Central Única de Trabajadores de Chile (luego, CUT), que nombra a Clotario Blest como su primer presidente, rol que ostenta por 8 años. En su declaración de principios fundacional se define la sustitución de un Estado capitalista por una sociedad donde no exista la explotación del hombre por el hombre.

Luis Vitale, historiador e intelectual militante de izquierda revolucionaria, muy cercano a Blest, destaca en una entrevista que en dicha declaración ni siquiera se señala que esa nueva sociedad sería administrada por partidos políticos, sino pone el énfasis en la administración directa de la clase trabajadora. Sería la primera vez, desde la conformación de la FOCH de 1919, en tiempos de Luis Emilio Recabarren, que una central sindical se planteara la conquista del poder y la administración del mismo por la clase trabajadora.

La histórica huelga del 7 de julio 1955, donde más de un millón de trabajadores paralizan el país completo desafiando al gobierno de Carlos Ibañez del Campo, erigió a la CUT como un actor social fundamental y a Blest como un personaje determinante en el liderazgo obrero popular, incómodo para conservadores derechistas dependientes al imperialismo estadounidense, así como para burócratas en partidos de izquierda, subordinados a las políticas soviéticas y su juego de ajedrez global.

Su mensaje siempre se caracterizó por un llamado explícito a la unidad de la clase trabajadora contra toda opresión. En un discurso del 3 de noviembre de 1959, desafía al gobierno de Alessandri: «la mayoría de este país, los asalariados, obreros y campesinos, que somos el 75% de la población de Chile, somos capaces de derribar este gobierno reaccionario». Luego de varias jornadas de protestas, se bajan las movilizaciones en medio de polémicas entre sectores sindicales afines al Partido Comunista y las bases obreras afines a Blest. Luis Corvalán, histórico Secretario General del PC Chileno, realiza declaraciones a nombre del partido, acusando al sector a favor de Clotario de «golpismo» y de «actuar al servicio del imperialismo», siendo alabados por la prensa de la oligarquía como defensores del orden social. Finalmente, se baja el paro y Clotario Blest es llevado a prisión, una vez más.

Clotario Blest hablando a la multitud. Fotografía www.clotarioblest.com

Para el sindicalista, la prisión política era consecuencia conocida de su coherencia. En algún momento llegó a decir: «Ibáñez me metió catorce veces en la cárcel, Alessandri tres, Frei una… claro que eso fue de los pacos, más bien». En esta ocasión, Clotario concedió entrevista desde la cárcel donde reafirma sus dichos en contra del gobierno de Alessandri, fundamentando en que si se llegara a concretar su caída, sería una consecuencia del proceso revolucionario en marcha, lo cual va más allá de las ideas de los dirigentes, y se asienta en el clamor de las masas. Frente a ello, le contrapreguntan si siempre ha pensado de la misma forma (respecto a la conducción del movimiento obrero), y él hace gala de su ideario revolucionario al servicio del pueblo, respondiendo: «No. Mi evolución es la de la masa. Me siento uno de los hombres de este pueblo. Los desengaños, los traspiés nos han ido llevando a este grado de desconfianza, de escepticismo, respecto al orden actual (…) la batalla por los reajustes es importante pero no hay que confundirla con la gran batalla, esa que ya empezó y en la cual los que nada tienen o los que han perdido algo desean una sola cosa: cambios estructurales».

En 1960, Clotario asiste a una conferencia sindical en Venezuela y también viaja a Cuba. Allí, participa del «Primer Congreso Latinoamericano de Juvetudes», donde comparte con el ex presidente guatemalteco Jacobo Árbenz y el dirigente mexicano Vicente Lombardo, entre otros. En la ocasión, le corresponde hablar luego del turno de Ernesto «Che» Guevara, y destaca el espíritu del pueblo cubano en tiempos revolucionarios, así como pone un gran énfasis en el necesario carácter internacionalista y antiimperialista que debería orientar a los pueblos americanos en sus luchas contra el capitalismo. En ese encuentro nace una amistad entre el sindicalista y el guerrillero, con quien sostuvo largas conversaciones, donde adopta su idea de «hombre nuevo», comparte sus perspectivas de las alianzas entre pueblos marginados del «tercer mundo» contra todo imperialismo, y comparte su rechazo a toda opulencia. Su admiración por Ernesto «Che» Guevara, la simpatía por la gesta revolucionaria, así como su participación en diversas acciones de solidaridad con Cuba, siguieron acompañándolo durante sus militancias venideras.

En junio de 1961, se constituye la «Asociación de Apoyo a la Revolución China», inspirada en Blest y Pablo de Rokha. Ello profundiza la inquina en la izquierda chilena alineada con el dictado soviético.

Posteriormente, persiste en propiciar un pliego único y desafiar a un desgastado gobierno de Jorge Alessandri. En agosto, los gremios ferroviarios, siderúrgicos, entre otros, se declaran en huelga, y acuerdan con la CUT un paro general de 48 horas.

Clotario Blest presenta su renuncia a la CUT cuando el espectro sindicalista dominado por el partido comunista y sectores del socialismo, traicionan nuevamente al movimiento sindical, cancelando el paro y la huelga general acordada a horas de comenzar, luego de innumerables maniobras políticas arteras para sacarlo del protagonismo.

En su carta de renuncia, publicada por el sindicalista Humberto Valenzuela, además de las razones descritas en torno al paro interrumpido, señala algunas razones de fondo: «mi renuncia ha sido la culminación de graves diferencias con algunos compañeros del CDN (Consejo Directivo Nacional de la CUT) (…) mientras algunos estimamos que es necesaria una acción directa masiva determinada a provocar un cambio substancial en profundidad y extensión de las estructuras económicas, sociales y políticas del país, otros creen que esto mismo se puede alcanzar a través del actual régimen de legalismo y pseudo democracia burguesa corrompida en que se debate el país y sus instituciones fundamentales».

Se diría que en el PC veían a Clotario como un obstáculo para sus pretensiones al interior del movimiento obrero, además de concebir al paro general como una amenaza a los acuerdos geopolíticos que la Unión Soviética había negociado en Yalta, luego de la segunda guerra mundial (acuerdo Stalin- Roosevelt). Waldo Grez (estudiante secundario y presidente de ANES en esos años) señala que un secretario general del Partido Socialista le habría planteado la siguiente disyuntiva: «o el señor Blest o nosotros que tenemos la patente de la revolución».

Tiempos insurreccionales

Luego de esos esos lamentables y frustrantes acontecimientos, incansable en sus convicciones, se organiza junto al bloque insurreccional de la CUT y fundan el «Movimiento de Fuerzas Revolucionarias» (MFR), el 21 de octubre de 1961, con la finalidad de convertirse en un referente político social del mundo popular.

El MFR buscaba aglutinar tendencias insurreccionales del país y planteaba una «reforma agraria integral, disolución del Ejército, formación de milicias sindicales, autogestión de las unidades productivas y socialización de la sociedad». Dentro de sus miembros destacados, además del liderazgo de Blest, destacaban los trotskistas Luis Vitale y Enrique Sepúlveda, y el zapatero anarcosindicalista Ernesto Miranda.

En agosto de 1962, vuelve al Cuarto Congreso Ordinario de la CUT, después de permanecer un año alejado posterior a la traición del paro de 1961, esta vez empujado por los cuadros sindicales del MFR. Al momento de subir para explicar su renuncia, es abucheado y boicoteado en su alocución. Se escuchan gritos, rechiflas y le lanzan monedas. Por debajo se había hecho una campaña acusándolo de agente de la CIA y colaborador de la policía. Frente a tal escenario, Blest señala: «La unidad es la mejor arma de los trabajadores. No seré yo quien le ponga piedras y palitos en el camino a la clase trabajadora. En nombre de esa unidad, desisto a plantear ante esta plenaria los fundamentos de mi renuncia como Presidente de la Central única de Trabajadores». Luego ese humillante momento, se va del lugar, despertando la inquietud de Luis Vitale, quien declara haber sido asediado mentalmente por la imagen del suicidio de Luis Emilio Recabarren, luego de lo cual corre preocupado a buscarlo a la casa del sindicalista, donde encuentra a Blest cavilando su destino próximo a un revólver. De acuerdo a Óscar Órtiz, historiador y discípulo de Clotario, la providencial intervención de Vitale impide que el líder obrero se autoelimine esa noche.

En ese periodo, fue detenido nuevamente en una manifestación contra el bloqueo hacia Cuba, situación que lo lleva a la «Cárcel Pública», donde es trasladado al llamado «Patio de los Cogoteros», conocido como la sección más peligrosa del penal. En dicho lugar su experiencia fue de ser respetado y protegido, como señaló a Mónica Echeverría en su libro «Antihistoria de un luchador»: «Me impresionó la calidad humana de esos hombres. Tuve largas conversaciones con ellos. ¿Por qué se habían convertidos en cogoteros? Ninguno de ellos había tenido hogar ni recibido afecto. Siempre, desde chicos habían sido perseguidos, eran producto de la miseria».  Sobre el momento de partir de dicho recinto, señaló haberse ido a despedir, preguntando: «¿Por qué me han tratado así?. Me respondieron -Nosotros sabemos quien es usted y además nos ha enseñado que todos somos hermanos. Por eso lo hemos tratado como un hermano. ¡Que ejemplo recibí durante este tiempo!. El amor al prójimo lo aprendí en el patio de los cogoteros y no en las grandes doctrinas ni en los majestuosos palacios. En la cárcel comprobé que en todos los hombres, por mucho que hayan caído, existe una chispa noble que nadie sabe aprovechar». 

Posteriormente, luego de una convocatoria suscrita por Blest como presidente del MFR, en un «Congreso Constituyente» encabezado por el sindicalista y desarrollado entre el 14 y el 15 de agosto de 1965, se funda el Movimiento de Izquierda Revolucionaria» (MIR). Clotario es elegido integrante de su primer Comité Central, encabezado por Enrique Sepúlveda como Secretario General, y formado por otros representantes de la izquierda revolucionaria como Humberto Valenzuela, Óscar Waiss, Ernesto Miranda, Luis Vitale, Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Bautista Van Schouwen, Luciano Cruz, Edgardo Enríquez, entre otros.

Además del MFR, en su hito fundacional participaron la «Vanguardia Revolucionaria Marxista-Rebelde» (VRM-R, asociada principalmente a estudiantes de la Universidad de Concepción), el «Partido Obrero Revolucionario» (POR, de línea trotskista) y un sector del «Partido Socialista Revolucionario» (PSR), entre otros. Algunos de sus postulados más importantes fueron el derrocamiento del sistema capitalista y su reemplazo por un gobierno obrero y campesino, la búsqueda de la conquista del poder por la vía insurreccional, adopción de la acción directa y los métodos de la tradición revolucionaria del proletariado chileno, entre otros aspectos contenidos en su fundacional «declaración de principios».

Durante ese tiempo, la CUT le encarga a Blest interceder ante el dictador paraguayo Alfredo Stroessner, logrando la liberación de un grupo de presos políticos que llevaban alrededor de 20 años prisioneros. Asimismo, estrecha amistad con el grupo mirista originario de la Universidad de Concepción, principalmente Luciano Cruz y Miguel Enríquez. Incluso firma una carta de recomendación a los sindicatos chinos, a favor de Enríquez, quien viajaba a ese país.

En febrero de 1967, forma el «Movimiento Revolucionario Camilo Torres», sumando a los cristianos revolucionarios que integraban el MIR. Meses después, se reúne en su casa con varios líderes sindicales del continente, destacando Juan Lechín, presidente de la Confederación Obrera de Bolivia (COB), quien viajó clandestino a Chile, y fue detenido a su retorno, frustrando las proyecciones internacionalistas de dicha iniciativa.

En este periodo es homenajeado por la CUT, e incluso viaja al aniversario de la revolución rusa en Moscú, encomendado por central sindical, donde es condecorado por Brezhnev.

Luego de 3 años, deja el MIR junto al resto de la vieja guardia, principalmente los cuadros sindicales (Humberto Valenzuela, Enrique Sepúlveda, Ernesto Miranda, Óscar Waiss, entre otros), luego de su «Tercer Congreso», producto de diferencias políticas en torno al rol y momento de la acción armada en el proceso revolucionario en curso. En una entrevista posterior, diría: «estimaba que la revolución en Chile debía hacerse a través de las organizaciones de la clase trabajadora: sindicatos y gremios, y que solo accidentalmente podrían establecerse los focos guerrilleros que exigían las juventudes, sino sería un simple aventurerismo». Más allá de las diferencias, siempre mantuvo una opinión favorable al desarrollo posterior de dicho movimiento.

Fotografía de Alfredo Jaar

Agente de solidaridad y defensor de los Derechos Humanos

Posterior a la salida del MIR, Clotario Blest integra el movimiento «Iglesia Joven», dado que sintió la necesidad de seguir luchando por una iglesia para el pueblo y sus luchas, donde adoptó varios métodos de no violencia activa, inspirados en la figura de Mahatma Ghandi y Martin Luther King, a quienes siempre admiró. Su acción más destacada en ese contexto fue la «toma de la Catedral», el 11 de agosto de 1968, en cuya conducción tuvo un rol fundamental.

En estos años, también participa en el «Comité de los Sin Casa», el cual se insertaba en la amplia tradición de tomas de terreno y consolidación del movimiento de pobladores. Su primera acción como «Comité» fue la ocupación y levantamiento del «Campamento 26 de enero», que posteriormente se llamaría población «La Bandera». Blest ejerce como vicepresidente del «Comité de los Sin Casa», el cual es liderado por el mirista Víctor Toro. Asimismo, durante la UP en 1971, tuvo un rol relevante en el desarrollo del Frente de Trabajadores Revolucionarios, en el camino de propiciar unidad en el sindicalismo revolucionario.

Clotario Blest se mantiene escéptico frente a todo electoralismo, aún frente al ascenso de la «Unidad Popular», y no se suma a los entusiasmos que las urnas provocaban en la llamada «vía chilena al socialismo» dado que, a su parecer, con ello no se solucionaba el problema de la permanencia de una oligarquía económica explotadora y su necesaria desaparición, para el advenimiento de una sociedad ideal.

El 21 de julio de 1970, personalidades de izquierda y miembros de la Iglesia Joven crean el «Comité de los Derechos Humanos» (CODEH), donde Clotario es elegido presidente. Posteriormente, esta agrupación se une al «Comité de Defensa de Derechos Sindicales» (CODES), y se consolida como «Comité de Defensa de Derechos Humanos y Sindicales (CODEHS) en 1978. En este tiempo tuvo una destacada labor en defensa de los derechos humanos, tanto durante la UP (por lo que fue criticado desde sectores oficialistas), como principalmente durante la cruel dictadura cívico- militar encabezada por Augusto Pinochet. En dicho camino lo acompañaron: Eduardo Long, Alfredo Molina, Gloria Rodríguez, Manuel Machuca, Rosa Rubilar, Nelson Paz, Raúl Elgueta, Manuel Acuña, Oscar Ortíz, entre otros.

Con la llegada de la dictadura fue hostigado y allanado en búsqueda de armas. Dado que los militares no encontraron lo que buscaban, se llevaron libros, parte de su ropa y le robaron el dinero de la pensión de jubilado. En esos años grises participó en la «Comisión de Derechos Humanos», prestó su casa como refugio a perseguidos, participó de numerosas manifestaciones contra el régimen, a favor de familiares de detenidos desaparecidos y por de la liberación de los presos políticos. Se hace conocido su gesto simbólico de no cortarse la barba hasta que llegara la democracia, la cual prolifera larga y frondosa en su rostro, dándole su aspecto característico.

Fotografía de Luis Poirot

La misma postura crítica frente al poder instituido y las elecciones que sostuvo antes de la dictadura, la mantendría hasta el fin de sus días, tanto frente al plebiscito de Pinochet, como posteriormente en los albores de la campaña del «No», denunciando el tufillo negociado de la democracia que asomaba su nariz, con ropajes de concertación, pero con cuerpo de dictadura. Otra traición al pueblo de la cual no podía hacerse parte, y que le costó el rechazo de los sectores que fraguaban la salida pactada. A pesar del abandono de muchos, siempre se mantuvo acompañado de sus discípulos como Óscar Ortiz, Francisco Díaz, así como por los franciscanos que acogieron sus últimos días.

El 31 de mayo de 1990, Clotario Blest deja este mundo, con su larga barba apenas retocada frente a la democracia negociada y tutelada por las sombras oscuras de la dictadura. Su velorio fue un acto multitudinario, con importantes personalidades del mundo político, cultural, e incluso empresarial. Sin perjuicio de ello, principalmente fue la clase obrera la que se hizo presente desbordando cualquier intento de secuestrar el legado del sindicalista. Al salir en dirección al camposanto, un grupo de militantes de MIR y del FPMR le arrebatan el féretro a los frailes que lo cargaban, corean consignas y dan una vuelta por la calle París, para luego aparecer por calle Londres y entregarlo, dejando en claro que Clotario Blest también era parte de su memoria histórica y de sus luchas. Su legado no podría ser encerrado en un museo o un libro, secuestrado por la política institucional, impostado por supuestos interlocutores, deshonrado por sindicatos que perdieron el rumbo, degradado en un pacifismo ingenuo, o descafeinado en un mero luchador gremial. Ahora viviría para siempre en el pueblo, en multiplicidad de formas.

Probablemente, si somos estrictos con sus convicciones, podemos soñar con que hoy «Don Clota» nos observa desde algún lugar, atento a los caminos de la clase trabajadora y el mundo popular, acompañado del Cristo pobre y de su fiel perro, «El Momio», llamado así porque engordaba todos los días sin trabajarle un peso a nadie. Su ejemplo sigue vivo en cada organización sindical noble, en cualquier protesta por la dignidad, en toda olla común y red de apañe popular para alimentar a los condenados del capitalismo. Clotario está en la lucha por los presos políticos, la defensa férrea de los derechos humanos, en cualquier movimiento de apoyo al pueblo, acción a favor del medio ambiente, experiencia de educación popular o intervención callejera que desafíe la normalidad capitalista. Blest acompaña a toda trabajadora que no se deja avasallar (ni por sus patrones, ni por sus compañeros, ni por las burocracias partidarias), dice presente en toda causa que prefigure un horizonte sin explotación del hombre por el hombre, existe en cada religiosa que toma la opción preferencial por los pobres o en cada cura obrero que derriba al Cristo rey para poner al centro al Jesús obrero, camina junto a todo/a militante ingenioso que busca caminos para concientizar al pueblo, organizar y correr el tupido velo de la explotación. En síntesis, Clotario Blest Riffo vivirá siempre junto a todos los seres humanos rebeldes, oprimidos y oprimidas, y acompañará sus luchas, miserias y alegrías.

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El presente texto fue construido sobre la base de la siguiente bibliografía física, digital y audiovisual:

Antihistoria de un luchador (2013): Libro de Mónica Echeverría. Su segunda edición (Editorial LOM), aún puede encontrarse en librerías.

Clotario Blest y la lucha obrera (2011): Memoria de Patricia Matus, en repositorio académico de la Universidad de Chile.

Los Discursos de Clotario Blest y la Revolución Chilena (1968): Extraído del libro de Luis Vitale «Ensayo de Historia del Movimiento Obrero Chileno», versión digital en CEME (Centro de Estudios Miguel Enríquez)

El Capítulo Negro de la Historia Sindical Chilena (2007): Columna de Óscar Ortiz (historiador y discípulo de Clotario Blest), en el sitio piensachile.com

Principios teóricos en las luchas sociales de Clotario Blest (2015): Columna de Manuel Acuña Asenjo, en el sitio piensachile.com

La última batalla de Clotario Blest. Por Manuel Acuña (2019): Columna de Manuel Acuña Asenjo, en el sitio Le Monde Diplomatique (edición chilena).

Historia del Movimiento Obrero Chileno (2008): Libro de Humberto Valenzuela, histórico militante del trotskismo chileno. Este libro circuló en fotocopias desde los 70s, hasta su re- edición desarrollada por la Editorial Quimantú.

Documental: «Clotario Blest: Vida, obra y palabra»

Documental: Clotario Blest (Teatro ICTUS- Vicente Sabatini)

Capítulo Serie Documental: Requiem de Chile- Clotario Blest

REQUIEM CLOTARIO BLEST – Fin Comunicaciones

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